Un sermón pone luz a la oscuridad de los acontecimientos o no es sermón

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Un sermón eclesial debe tener los pies en el suelo, y no navegar por las nubes de algodón como ocurre muy a menudo. El sermón debe relacionar la vida cotidiana y la condición humana con el mensaje y el espíritu de Jesús. El buen sermón acoge los problemas, los sufrimientos, las preocupaciones, las necesidades, las esperanzas de cada uno y del pueblo.

2.- Cualquier persona que participa en una misa espera que el sermón dé luz evangélica a la oscuridad de los eventos. O no es sermón. ¿Qué luz cristiana aporta al asunto del obispo Xavier Novell? ¿al asunto del fugado Juan Carlos? ¿al asunto de la pedofilia que afecta también a ámbitos de la Iglesia? ¿al asunto de la pandemia que provoca dolor, muerte, problemas de todo tipo a tanta gente? ¿al asunto de una legislación española que choca con la Declaración Universal de los Derechos Humanos? ¿al asunto de una inmigración gigantesca y dramática? ¿al asunto del crecimiento fascista? ¿al asunto de unos políticos catalanes exiliados que son considerados peligrosos criminales por el régimen español pero que viven en libertad en la Unión Europea? ¿O es que el Evangelio no tiene nada que decir sobre estas cuestiones y tantas otras? ¿Debe el Evangelio quedar prisionero en las sacristías, o debe romper cadenas y estar presente en la calle proponiendo, nunca imponiendo, unos valores a todo el mundo e interpelando a los poderosos?

3.- El sermón, ahora y aquí, siempre y en todas partes, tiene un referente sólido que es el Sermón de la montaña, el de las Bienaventuranzas. Tuvo lugar en una montaña, no en el templo, y fue protagonizado por Jesús y quienes le seguían (Mateo 5, 1-11). Las Bienaventuranzas no mencionan preceptos, ni leyes, ni dogmas, ni doctrinas, ni prohibiciones. Las Bienaventuranzas optan a favor de los pobres, de los que lloran, de los humildes, de los que tienen hambre y sed de ser justos, de los compasivos, de los que trabajan por la paz, de los perseguidos, de los que son insultados y calumniados. Jesús plantea en el Sermón de la montaña unas bienaventuranzas llenas de humanidad y de sentido de Dios. Proclama, por ejemplo, «felices los limpios de corazón, porque verán a Dios».

4.- Los sermones del capuchino Jordi Cervera, autor del libro «Els empressonats i exiliats de la Biblia» (Publicacions de l’Abadía de Montserrat), son unas homilías que sintonizan con el Sermón de la montaña. No son sermones etéreos como nubes de algodón. Lo explica a Mireia Rourera (El PuntAvui). Fray Jordi Cervera dice: “En mis homilías siempre he ido introduciendo pequeños apuntes sobre los hechos políticos que ocurrían en nuestra casa: cuando hay encarcelamientos, exilios, cuando el juicio… yo hago una relectura de los textos de la misa dominical con pequeños y discretos acentos (…) Hago alusión sutilmente. Procuro decir las cosas pero siendo elegante y sutil porque entonces son aún más atractivas (…) Hago una aproximación sociológica que todo el mundo puede entender. Tengo la voluntad consciente y trabajada de que el lenguaje que utilizo sea accesible para todos. Evito cualquier lenguaje eclesial, teológico, exegético y técnico”. Se diría que el capuchino hace como Jesús.

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