Pedir perdón en política y periodismo

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Un artículo periodístico sobre un político a veces es ofensivo y le provoca heridas innecesarias e injustas, también a su entorno personal.

2.- Juego sucio e irracional, falsas noticias, manipulaciones, todo vale para destruir al adversario. Esto predomina muchas veces entre los políticos y entre los ámbitos político e informativo o periodístico. Cabe precisar que el debate y la crítica forman parte de la democracia. El reto es debatir y criticar de forma documentada, razonable y respetuosa con el discrepante y el adversario. Queda claro que un sistema democrático donde se respetan los derechos y libertades de las personas y de los pueblos está en las antípodas de los regímenes autoritarios y dictatoriales donde hay represión y cloacas del estado.

3.- El lenguaje es determinante. El lenguaje sirve para dialogar pero se degrada cuando alguien afirma, por ejemplo, que los catalanes quieren que el castellano sea exterminado, una denominación de fuertes connotaciones nazis. El lenguaje se degrada cuando alguien, mostrando una injustificada superioridad ética, envía al discrepante a la papelera de la historia. El lenguaje debe ser transparente, comprensible, sin ambigüedades. “Decid sí, cuándo es sí; no, cuando es no. Lo que se dice de más, viene del Maligno” (Mateo 5, 37). Y en ese maremagnum a veces hay alguien que, rompiendo los habituales esquemas políticos y periodísticos, pide perdón. ¡Son, somos, tantos quienes tenemos que pedir perdón! «Aquel de vosotros que no tenga pecado, que tire la primera piedra» (Juan 8, 7). El perdón es revolucionario porque implica pasar de todo tipo de esclavitud a tiempo de liberación. El perdón pasa página. Y cada uno debe sacar lecciones de los episodios que configuran nuestro día a día y nuestra condición humana. Lecciones sobre cómo expresarse y comunicarse mejor, cómo debatir y discrepar siempre de forma respetuosa.

4.- Estas referencias a los Evangelios de Mateo y Juan son unas pinceladas aplicadas a la política y el periodismo. Al fin y al cabo, el cristianismo (fe, esperanza, solidaridad) forma parte, al menos, de la cultura occidental y sobre todo de la condición humana.

5.- Unos valores son sustanciales en el cristianismo. «El poder absoluto es un peligro para todos». «Todo poder que se impone como absoluto contradice la voluntad de Dios». «Los derechos humanos valen para todos». «La dignidad del hombre es inviolable». “Cuando se infringen los derechos humanos, es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres”. «Los derechos humanos son conformes a la voluntad de Dios». Así consta en “La fe cristiana. Una saviesa oberta al mon d’avui», del pastor Gerd Theissen, biblista y teólogo.

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