Creyentes y agnósticos del siglo XXI no han visto a Dios, pero…

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Los interesados ​​por la ausencia del sentido de Dios y la transmisión de la fe en el mundo secular y de la post cristiandad, que no del cristianismo, en el siglo XXI, tienen en «El Pregó» una buena y razonable aportación. El número extraordinario de verano y otoño trata sobre «La crisi de la transmissió de la fe». El director de la revista, el claretiano Pere Codina, ha hecho una presentación telemática con el grupo Cruïlla del Ateneu Barcelonès.

2.- Creyentes y agnósticos coinciden. Nadie ha visto a Dios, pero … La cuestión se planteaba ya en tiempos de Jesús y en la época inmediatamente posterior. Pablo hablaba a los atenienses del «dios desconocido» (Hechos 17, 23) y uno de los evangelistas afirmaba que «A Dios nadie lo ha visto nunca» (Juan 1, 18) ¿Por qué, pues, los sermones hablan tanto de Dios convirtiendo este nombre en una palabra vacía? El dictador Francisco Franco era proclamado, incluso, caudillo de España «por la gracia de Dios» que fue una de las aberraciones permitidas sin ninguna crítica por parte de casi toda la estructura jerárquica eclesiástica.

3.- Los hombres y las mujeres del siglo XXI -en la sociedad occidental y, por tanto, en la catalana- navegan por las olas de la indiferencia, del rechazo de cualquier imagen de Dios, el sentimiento de la ausencia de Dios, la sensación de abandono. Pero, ay, Jesús mismo es quien, según las Escrituras, poco antes de morir crucificado como un malhechor y como un político rebelde lanza un gran grito … «Jesús gritó con toda su fuerza: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Marco 15, 34). Clamor profundamente humano lleno de fe, de duda, de esperanza, de sensación de abandono, de soledad.

4.- Todos estos elementos forman parte de la condición humana. El ateísmo. El agnosticismo. El deseo del Dios intuido. El Dios desconocido. La búsqueda de huellas de Dios en uno mismo, en la propia conciencia, en el sufrimiento, en la plegaria, en los marginados, en el amor a los demás. El mismo Juan que afirma que «A Dios nadie lo ha visto nunca» también escribe: «Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído. Dios es amor, y el que está en el amor permanece en Dios y Dios en é « (1 Juan 4, 16). También está la constatación de que hay muerte en la vida y la esperanza de que hay vida en la muerte. Todo esto es de interés humano. Hay que aceptar lo que Publio Terencio Africano (184-159 antes de Cristo) dejó escrito para siempre: «Soy hombre, nada de lo humano me es indiferente». O en palabras del poeta Joan Maragall en su «Cant espiritual»: «Home sóc i és humana ma mesura».

5.- La transformación interior a partir de estas consideraciones tiene consecuencias prácticas. Ejemplos … Interesa vivir según la fe, la esperanza y el amor o solidaridad. Los manejos de la estructura eclesiástica, que no debe confundirse con la comunidad eclesial, no es interesante. La persona que quiere ser cristiana debe estar siempre a favor de los derechos y de las libertades de todas las personas y de todos los pueblos. Un creyente puede tener dosis de agnosticismo, y un agnóstico puede tener dosis de fe. Creer y dudar son compatibles. La fe en el Dios de Jesús es sobre todo una vivencia, una manera de pensar y de actuar. La fe de Jesús en Dios consiste en las bienaventuranzas de intenso contenido humano … y no es una doctrina abstracta, ni un código de derecho canónico como era el de los fariseos de aquel tiempo y de los fariseos de hoy.

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