La Vanguardia. Del siniestro Galinsoga a Jordi Juan

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«La Vanguardia», diario hoy borbónico y juancarlista mientras no se demuestre lo contrario, cumple 140 años de una historia con episodios de color claro, oscuro, gris. Lluís Foix expone algunos de su experiencia personal en el artículo «Más de medio siglo en La Vanguardia» en su blog.

1. El conde de Godó pudo prescindir del siniestro Luis de Galinsoga, director de la entonces llamada «La Vanguardia Española», gracias a una actuación cívica impulsada por un joven Jordi Pujol. El fascista Galinsoga fue impuesto en 1939 como director por el gobierno dictatorial franquista. Este personaje, que había escrito el significativo libro «Delenda est Cataluña», vomitó en público: «Todos los catalanas son una mierda». Las acciones dirigidas por Pujol hicieron posible lo que no había podido o querido conseguir el conde de Godó. El gobierno franquista se vio forzado, el 5 de febrero de 1960, a destituir Galinsoga que fue sustituido, también impuesto por el dictador, por Manuel Aznar … abuelo de José María Aznar. ¡Buf!

3. Y de Galinsoga, director entre 1939 y 1960, a Jordi Juan y Raja, que desde el 1 de marzo de 2020 es el actual director de «La Vanguardia». Jordi Juan, ¡ay!, formó parte de la redacción de «El Observador», diario impulsado por Lluís Prenafeta y que tuvo una vida breve (1990/93). La relación entre ambos medios fue tormentosa como se deduce de la crónica de Foix.

4. Una consideración. El periodismo, la vida, la historia, la realidad, la política, el pensamiento, las emociones, los puntos de vista, las relaciones humanas … todo tiene muchos matices. «Matiz: Diferencia de grado casi insensible que distingue una cosa de otra muy próxima» (Diccionario de la Lengua Catalana).

5. Confesión personal. Mi padre era suscriptor de «La Vanguardia Española» pero dejó de serlo debido al caso Galinsoga. He estado vinculado como periodista a «La Vanguardia» durante cuarenta años (1974/2014). Hasta que decidí marchar o liberarme de ella. La actividad profesional de Lluis Foix y la mía son incomparables.

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