Trama La Vanguardia española / Fernández Diaz

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1. El pésimo tratamiento de La Vanguardia sobre el escándalo protagonizado por Jorge Fernández Díaz y Mariano Rajoy es otro escándalo. Ambos quizás forman parte de una misma escandalosa trama. Las informaciones y las grabaciones divulgadas indican que el ministro está implicado en una conspiración antidemocrática y de guerra sucia contra el independentismo catalán democrático y pacífico representado por CDC y ERC. Fernández Díaz dimitiría si tuviera vergüenza pero haga lo que haga es ya un cadáver político en Catalunya y en Europa. Los miembros del Govern catalán y los representantes de los partidos deberían negarse a reunir con un personaje desacreditado que graba a escondidas las conversaciones de sus interlocutores y fabrica basura para echarlas contra sus adversarios políticos. Negarse a reunirse con este ministro sería un paso soberanista firme en la desconexión de España y de sus alcantarillas.

2. Jorge Fernández Díaz está agradecido a La Vanguardia por la forma en que este diario ha tratado en el primer día uno de los mayores escándalos ocurridos en España desde la muerte del dictador Francisco Franco y que hace tambalear el estado democrático. Algunas hipótesis explicarían el por qué de la satisfacción del ministro. Podría ser que la deficiente información del rotativo se debiera a que el diario, como el Grupo Planeta, participa de alguna manera en la conspiración antisoberanista. O podría ser que el diario de los Godó fuera víctima de un chantaje de tipo económico, político y periodístico por parte del Ministerio del Interior. O podría ser que el criterio periodístico de La Vanguardia estuviera tan deteriorado que no sabría o no podría valorar de manera adecuada este escándalo. ¿A quién sirve, pues, La Vanguardia española? A Fernández Diaz y al que este individuo representa, o a sus hipotéticos lectores y a la libertad?

3. En cualquiera de las hipótesis, el equipo de dirección del diario debería plantearse su dimisión por incompetencia periodística y por dignidad cívica. El proceso dimisionario debería encabezarlo el director Màrius Carol, hombre de confianza de la Casa de Rey. Debería seguirlo el director adjunto y censor Enric Juliana. También debería seguirles otro director adjunto, Álex Rodríguez, un hombre que actúa con discreción quizá porque está vinculado familiarmente a los Godó.

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