¿Quién juzgará, Marchena, los jueces injustos?

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Las criticadas sentencias del Tribunal Supremo y sus discrepancias con el prestigioso Tribunal Europeo de Derechos Humanos plantea interrogantes jurídicos y humanos, ¿no es así Manuel Marchena, presidente de la sala segunda del TC?

1. ¿Quién juzgará a los jueces injustos que dictan sentencias injustas que causan daño a personas justas? Vale la pena dejar constancia de unos hechos y unas consideraciones. Hay que admitir que un policía puede ser ladrón y golpear ciudadanos; un bombero, pirómano; un educador, pederasta; un periodista, manipulador; un juez, injusto. Se ha de reconocer que los exiliados políticos catalanes, como el president y eurodiputado Carles Puigdemont, son tratados como personas demócratas y pacíficas en la Unión Europea donde viven en libertad … mientras que sus compañeros presos son considerados peligrosos criminales violentos por el régimen monárquico español.

2. Pregunta obvia. Si hay jueces injustos, ¿qué hay que hacer con ellos? ¿Condecorarlos? ¿Apartarlos del sistema judicial? ¿Nada? Hay una respuesta cristiana. Nadie, ningún juez, ni Marchena, nunca escaparán de la justicia de Dios.

3. El Papa Francisco comenta (25 Mayo 2016) una parábola de Jesús sobre un juez que no respeta Dios, ni los hombres y las mujeres (Lucas 18, 1-8). Dice: «El juez es un personaje poderoso, llamado a emitir un juicio sobre la base de la ley de Moisés. La tradición bíblica recomienda que los jueces sean gente temerosa de Dios, dignos de confianza, imparciales e incorruptibles. Por el contrario, este juez no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Era un juez injusto, sin escrúpulos, no tenía en cuenta la Ley, hacía lo que quería, de acuerdo a sus interese «.

4. Jesús, hombre bueno y justo condenado por el sistema judicial de su tiempo y de su país, oraba con los Salmos. El monje Hilari Raguer, historiador y biblista, que murió hace dos meses, titula su comentario sobre el salmo 58: «Contra los jueces que no hacen justicia». Escribe: «Dios no es indiferente a las injusticias que los hombres cometen, y menos aún al mal uso de la autoridad por parte de quienes de él la han recibido y, en lugar de ponerla al servicio de los pobres, la usan para oprimirlos. Hay que pedir que Dios les arranque los dientes, o sea los instrumentos de su poder abusivo».

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