Jesuitas «progres» con el Papa (a pesar de Arturo San Agustin / La Vanguardia)

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1. Los jesuitas «progres» que sintonizan con la teología de la liberación, como los que en Catalunya configuran «Cristianismo y Justicia», están con el jesuita Jorge Mario Bergoglio, hoy Papa Francisco. Así es, diga lo que diga Arturo San Agustín (foto), «vaticanista» y escritor potenciado por «La Vanguardia» y firmante de un manifiesto contrario al soberanismo catalán.

2. San Agustín comenta el hecho de que Bergoglio sea el primer Papa jesuita. Dice: «Sí, pero la relación del Vaticano con los jesuitas sigue siendo mala. Lo consideran un Papa conservador «. Y al ser elegido Francisco, el escritor pone en boca de un jesuita no identificado: «Malas noticias para la Compañía. Ha salido Bergoglio «.

3. Los hechos contradicen a San Agustín. La declaración del nuevo año de «Cristianismo y Justicia» habla de primavera eclesial con estas palabras: «La elección de Francisco ha supuesto para la Iglesia católica la irrupción de un nuevo estilo, de un impulso renovado y de unos subrayados diferentes, y ha abierto una etapa esperanzada y alentadora «. Destacan su documento programático «Evangelii Gaudium» (El gozo del Evangelio). Escriben sobre este documento: «Son palabras que iluminan nuestra realidad, clarifican nuestro análisis, refuerzan nuestras opciones y estimulan nuestro compromiso de cara al año 2105 que ahora empezamos».

4. Los jesuitas «progres» destacan también el impulso dado por el Papa al Sínodo de Obispos para tratar sobre la familia en el siglo XXI. El último cuaderno de «Cristianismo y Justicia» se titula «Rehacer la vida. Divorcio, acogida y comunión». Uno de los autores, el teólogo Andrés Torres Queiruga (profesor de filosofía de la religión en la Universidad de Santiago de Compostela), explica que «cuando se leen las palabras y las propuestas de Francisco, tan frescas y humanas, es imposible no percibir en ella su arraigo evangélico». Y desde que Bergoglio se convirtió en el Papa Francisco, Torres Queiruga afirma: «Todo el mundo percibió que algo se estaba anunciando. Reaparecía, evocada, la figura de Juan XXIII y renacía, lleno de frescura, el espíritu del Concilio. Todo tan natural y tan revolucionario, que desde entonces muchas cosas ya no tienen marcha atrás «.

 

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