Un obispo autoritario contra la libre y solidaria sor Lucía

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1. El obispo de Teruel, Carlos Escribano, veta a sor Lucía Caram (en la foto) como pregonera de la próxima Semana Santa en su diócesis. Vetandola, el obispo veta a los miles de personas que reciben el calor y el apoyo de la monja.

2. El obispo Escribano no quiere dar explicaciones del por qué considera que la dominica contemplativa argentina-catalana no es idónea para este pregón. Actitud autoritaria, no democrática. Quizás él es el que no es idóneo para ser obispo acogedor de cristianos y personas de diversas sensibilidades. Él, como obispo y como cristiano, tiene la misión de dar razón de su fe, de su esperanza, y de su decisión de vetar a sor Lucía.

3. La postura de Lucia Caram contrasta con la del obispo Escribano. Ella es una mujer de oración, de acción y de palabra. Explica a todos que hay que colaborar a favor de los demás, sobre todo de los que más sufren. Ella no se encierra en ningún palacio episcopal. Vive en un convento de Manresa y en la calle. «Mi claustro es el mundo» es el título de uno de sus libros. Su espíritu sintoniza con el del papa Francisco y con su llamada a que la Iglesia viva en las periferias sociales y existenciales. Otros libros suyos son «Amar la vida y compartirla» y «A Dios rogando«. Títulos didácticos y significativos.

4. En su blog «Sintonía cordial«, Lucia Caram escribió semanas antes de la polémica generada por el obispo de Teruel el post titulado «El papa Francisco, piedra de comunión, amigo de los pobres, profeta del Evangelio». Confiesa: «Estimado Francisco: Hoy quiero abrirte mi corazón como compatriota, como seguidora de Jesús y como mujer enamorada de la humanidad, dispuesta a construir, junto a otros hermanos y hermanas el Reino querido por Jesús, proclamado en las bienaventuranzas y vivido hasta el extremo de dar la vida para que todos la tengan en abundància (…) Llevábamos años sintiéndonos incómodos en una Iglesia demasiado institucional, lejos de la vida de la gente, una Iglesia llena de aduaneros de la fe -como te gusta llamarlo- que no tienen otro deporte más propicio en el que ocuparse, que dedicarse a hacer la vida imposible a sus hermanos en la fe. En esas filas hay laicos, religiosos y también algunas púrpuras”.

5. Una última confesión de sor Lucia Caram, la vetada per un obispo autoritario: “Sé que tengo incontinencia verbal y que a veces mis palabras molestan a aquellos que se han instalado en el poder y no en el servicio, ya sean políticos como jerarcas o militantes de base. Sé que el fuego y la pasión que devoraban a Jesús, animan mi vida, pero entiendo que a veces me falla la serenidad para denunciar, porque ver y tocar tanto dolor cada día, tantos dramas, tantas vidas rotas, me hace entender por  qué un día Jesús, lleno de celo por la casa de su Padre, cogió un látigo y echó a los cambistas que la habían convertido en una cueva de bandidos”.

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