Iglesia, fe y compromiso en Catalunya

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1. «La Iglesia debe estar comprometida con la fe, con la transmisión del mensaje de Jesús. Esto lo tiene que hacer en un pueblo, en una sociedad concreta, lo que conlleva un compromiso con ese pueblo y con aquella sociedad». Estas palabras forman parte de una larga entrevista que Miquel-Lluís Muntané ha hecho Al editor de la web In saecula saeculorum y que se publica en Serra d’Or (octubre 2014) con un título que sobre todo es un reto: «La crítica desde el amor».

2. Siguen otras ideas expresadas en esta conversación. «La Iglesia catalana ha intentado ser fiel a estos dos ejes y esto se puede demostrar casi científicamente. Se podría construir una geografía para mostrar una serie de lugares, relacionados con la comunidad eclesial, que han acogido, incluso en la clandestinidad más arriesgada, reuniones de partidos, sindicatos y entidades diversas. La abadía de Montserrat, los Capuchinos de Sarrià, parroquias como Sant Medir y Sant Agustí (…) La Iglesia en Catalunya ha estado comprometida con el pueblo (…) Lo esencial es la adhesión al mensaje de Jesús «.

3. «Hay una doble perversión que consiste en la utilización de la Iglesia por el poder político para ganar poder y en la utilización del poder político por la Iglesia para imponer su doctrina. Esta es una realidad que hemos visto tanto en el nacionalcatolicismo español -algunas de cuyas reminiscencias todavía se mantienen- como en ciertas expresiones de la teología de la liberación».

4. «Hay obispos que adoptan una postura doctrinal, ética e, incluso, política alejada del sentimiento mayoritario del pueblo, alejada de la sensibilidad del católico medio. Uno de los elementos de este tipo de divorcio entre una parte de la jerarquía eclesiástica y el pueblo se debe a que esta jerarquía tiende a hablar más de la ley que de la gracia, más del Papa que del Evangelio, más del Iglesia que de Jesús «.

5. «Quien está convencido de estar en posesión de la verdad entiende que no debe cambiar en nada porque la verdad no cambia pero, precisamente, esta concepción de la verdad es poco cristiana. La fe es una serie de interpelaciones y el mismo Jesús se pregunta: ¿Dios mío, por qué me has abandonado? Ir por el mundo con la convicción de poseer la verdad absoluta es muy peligroso. Ponerse al día consiste en ser buen cristiano, y ésto significa buscar continuamente lo que se sustancial: el amor, el perdón, la compasión, la justicia (…) Volvería a aflorar esa sensibilidad cristiana latente en muchas personas, pero no a la manera rígida del nacionalcatolicismo, sino de aquella manera viva, espontánea, de quien siente que el mensaje de Jesús aporta sentido a su vida de cada día».

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