(Comentario a Pilar Rahola). El cristiano cree y duda

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1. «Al fin y al cabo, dudar de Dios es una manera de honrarlo». Lo afirma Pilar Rahola en el artículo «Dioses menores» dialogando con el jesuita José Ignacio González Faus que escribe el artículo «Jesús el Nazareno».

2. El cristiano cree y duda. Duda personal y existencial, no sobre doctrinas y abstracciones. Por eso el creyente cristiano experimenta, como lo puede experimentar el ateo, el silencio, el eclipse, la ausencia de Dios, la noche oscura, el Viernes Santo y el grito de Jesús en la cruz: «Dios mío, Dios mío , ¿por qué me has abandonado?«. El evangelista Marcos transcribe este clamor tan profundamente humano en el arameo en que fueron pronunciadas estas palabras: «Eloí, Eloí, ¿lema sabactani?» (Marcos 15, 34)

3. Debido a su fe que incorpora la duda, la postura del cristiano es de búsqueda constante. El cristiano descubre de manera razonable huellas de Dios en la condición humana, no se inventa a Dios. El escéptico niega estas huellas. ¿Y si negar a Dios es el problema porque esta negación nace de la soledad del ser humano, del miedo a la muerte, y no de la razón? La persona escéptica emblemática es el discípulo Tomás. Después de la muerte de Jesús se niega a creer. El cardenal Walter Kasper lo comenta en el libro «La misericordia. Clave del Evangelio y de la vida cristiana», elogiado por el papa Francisco. Escribe: «El encuentro (entre Jesús y Tomás) puede ser importante precisamente por aquellos que hoy están atormentados por las dudas. Pues, en cierto modo, todos somos como este Tomás el incrédulo».

4. Pero el diablo, a diferencia de Tomás, no tiene dudas El diablo está convencido de la existencia de Dios. De la carta de Santiago (2, 14-19): «¿De qué servirá, hermanos míos, que alguien diga que tiene fe si no tiene obras? ¿Puede salvarlo, quizás, esta fe? Si un hermano o una hermana no tienen vestidos y les falta el alimento de cada día, y alguno de vosotros les dice: ‘Váyanse en paz, abríguense bien y alimentáros’, pero no les da lo que su cuerpo necesita, ¿de qué servirán estas palabras? Así ocurre también con la fe: si no se demuestra con las obras, la fe sola está muerta. Quizás alguien replicará: ‘Tú tienes fe y yo tengo obras; muéstrame, sin las obras, que tienes fe, y yo, con las obras, te mostraré mi fe ‘. ¿Tú crees que hay un solo Dios? Haces bien; pero también los demonios lo creen, e incluso se horrorizan».

5. La fe en el Dios cristiano está vinculado con el comportamiento personal y social, con el estilo de vida, con vivir según el espíritu de Jesús. No tiene que ver con dogmas, ni rituales, ni preceptos, ni mitos. El criterio definitivo de la fe consta en el episodio de las bienaventuranzas y en la parábola del Juicio final (Mateo 25, 34-36). Jesús explica estos criterios: «Tenía hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; fui forastero y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; estaba enfermo, y me visitasteis; estaba en la cárcel, y vinisteis a verme «. Ni palabra sobre dogmas, o rituales, o preceptos, o mitos.

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